Que bendita manía esta.

Que bendita manía esta.

En noches de insomnio,

quedarme mirando al techo,

pensando en todos los posibles escenarios.

En todo lo pendiente.

En lo triste.

En lo amargo.

¿Me incomoda este techo? ¿Qué se cree? ¿Qué somos amigos?

—Buenas noches, Karol. ¿Hablamos?

—NO.

El techo lleva años aprovechándose de las personas con insomnio.

Se queda ahí, inmóvil, disponible, aparentemente inocente… y de repente:

—¿Y si pensamos en el divorcio?

—¿Y el trabajo?

—¿Y el libro?

—¿Y tu futuro?

—¿Y el nuevo idioma?

—¿Y si nunca vuelves a dormir igual?

—¿Y si entonces dejas de escribir?

—¿Y si serás capaz de amar correctamente?

¡CÁLLATE, TECHO!

Qué bendita manía esta la mía.

¿Por qué me pongo tanta presión?

De tener mi cerebro trabajado al mil por ciento,

y la ansiedad sigue tocando a la puerta

con toda seguridad de que va a entrar.

Por estos días he logrado escudarlo en eso del jet lag.

—¿El jet lag?

—Sí, así mismo.

—Karol, llevas días aquí.

—Bueno…

—¿Y entonces?

No quiero pensar en eso ahora.

No le quiero poner nombre a esta pesadez a la que yo misma me estoy condenando.

Darme cuenta de eso en voz baja

se hace más llevadero que aceptarlo.

Las pastillas para dormir…

La falta de ánimo durante el día.

La idea de que quiero más.

La idea de que necesito más.

Qué bendita manía la mía.

Sonidos para relajarme.

Dormir…

Dormir, que para mí antes era una ventaja.

Lo hacía fácil.

Cinco minutos bastaban.

Este tiempo de transformación me robó esa ventaja.

Me cuesta dormir.

Unos días más que otros.

Unas noches menos que otras.

Soy un sonámbulo que se juzga por no descansar,

pero que en la noche no sabe cómo dejar de pensar.

Pensar.

Pensar.

Tanto por hacer.

Tanto por ser.

¿Será que me acostumbré a vivir apagando incendios?

¿Será que ahora tener la opción de construir me está atemorizando y no sé por dónde empezar?

Y ahora, la ilusión,

se está convirtiendo también en afán…

En afanes a los que yo misma me condeno.

Qué bendita manía esta de buscar

y buscar,

y buscar.

De orar,

de meditar,

de querer escapar.

No quería llegar a las pastillas.

Y hoy caí en ellas.

Una pastilla.

Una ayuda.

Solo una.

Solo necesito dormir.

Solo necesito descansar.

Soy una mejor persona cuando duermo.

Mi energía es diferente.

Reconozco el ánimo que habita en mí.

Se vuelve propio, me pertenece a mí.

No es el ánimo de una extraña,

de una desconocida que a veces se presenta como Karol García.

Estoy batallando en este momento con este techo.

Ya no le hablo para responder a sus preguntas.

Hemos llegado a una tregua de medianoche.

Me está ayudando a encontrar mi voz,

a decirme que vamos un paso a la vez.

Al final, solo llevamos en el país una semana.

La vida se ha ido arreglando desde hace muchos meses.

Ahora solo debo reconocerla y encaminarla.

La verdad es que no quiero dormir.

Eso es una mentira que dije aquí,

a todos los que me leen.

Quiero descansar.

Sentir que la pesadez se va.

Que todo fluye de verdad.

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