30 de octubre, 2022

La Haya — 03:19 p.m. Bogotá — 09:19 a.m.

Cuando reconozco la tristeza en los ojos de las personas que caminan a mi lado, identifico en ellas la mía propia.

Ese vacío donde no se puede mentir.

Esa sensación palpable de no poder sonreír, aunque en el fondo eso sea exactamente lo que se quiere.

Reconozco la tristeza de los demás y me gustaría poder ayudar, porque la tristeza es demasiado abrumadora.

Te desgasta el cuerpo y la mente.

Te quita energía.

Desnuda el cuerpo y el alma.

He aprendido que es válida.

Que es un sentimiento presente, que se manifiesta por diferentes razones y que puede llegar sin aviso previo, como un atacante que acecha, sorprende a su presa, la enreda y se queda.

He aprendido a respetarla.

A conocer la parte de ella que vive en las personas, la que vive en mí.

Y al saberla tan poderosa, le temo.

La entiendo, pero también le huyo.

No por el deseo de querer ser siempre feliz, sino por el riesgo de que me abrace, me acostumbre y ya no sepa ver la vida sin ella.

La tristeza que a veces llega a mí y que no logro disimular, pesa demasiado.

A veces me duele en la espalda.

Me hace llorar por lo más mínimo.

Me hace no querer levantarme de la cama.

Me roba el apetito.

Me atraviesa incluso los sueños, ese lugar donde se supone que estoy protegida.

Me hace sentir que no quiero que me toquen.

Que no quiero que me lastimen.

No me deja concentrarme.

No me permite tomar agua.

No la puedo apagar.

Mi salvación es escribir.

Desahogarme.

Intentar explicar, con mi puño y letra, que sé que tengo una buena vida, que no dejo de lado la gratitud, pero que la tristeza llega y, cuando llega, me lastima.

Me afecta.

Me golpea.

Me abraza.

Y en ese abrazo, apaga la luz que he venido intentando encender dentro de mí.

Mi tristeza se ha convertido en impotencia.

Tiene tantas caras como facetas se le antoja.

Intento que no se quede.

Que sus brazos no sean cómodos.

Que me permitan escapar con facilidad.

Pero mi tristeza siempre sabe traer de vuelta todo aquello que quiere.

Todo aquello que puede.

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