Bitácora de una transformación
Me he dado cuenta de que me estoy convirtiendo en alguien que nunca he sido.
Y, por primera vez, eso no me asusta.
Me estoy acostumbrando a una versión de mí tranquila, en calma.
Y eso, para mí, es ganar en medio de la guerra.
Me estoy convirtiendo en una versión que no le tiene miedo a nada.
Que quiere ver qué otras posibilidades existen.
Porque, en medio de todo, lo único que quiere es encontrar algo real.
Llámalo felicidad, aunque suene cliché.
Tal vez no es una palabra exacta.
Tal vez es solo esto:
querer algo que sea mío.
Y ahí está la diferencia entre antes y ahora.
Antes necesitaba la aceptación de los demás.
El entendimiento de los demás.
Porque el mío no era suficiente.
Ahora no.
Ahora esta versión se construye…
y a veces se impacienta, sí,
pero también aprende a frenar.
Voy frenando, pero en bajada.
Con el cinturón puesto.
No porque crea que todo va a salir mal,
sino porque estoy aprendiendo a cuidarme.
El silencio, que antes incomodaba,
ahora se vuelve aliado.
Y en ese silencio, me encuentro con todas mis versiones anteriores.
Con todo lo que fui.
Con todo lo que me trajo hasta aquí.
Les debo mucho.
Las amo.
Y sé que estarían orgullosas de este impulso
de querer algo más que una vida “asegurada”.
Esta nueva versión se está construyendo desde las cenizas
de una que creía que ya estaba lista.
Y ahora entiendo que no.
Me estoy editando desde la pérdida.
Desde las oportunidades que vienen con ella.
He llorado.
He dudado.
He querido devolverme.
Volver a ese camino seguro que construí durante años.
Pero entonces aparece la pregunta:
¿Qué pasa si mis días se acaban mañana?
¿Qué me diría a mí misma?
¿Cómo miro mi vida sin haber intentado todo lo que podía intentar?
No es pesimismo.
Es conciencia.
La vida es frágil, fugaz…
y lo único que me está pidiendo es que lo intente.
Que deje de esperar.
Que construya el camino en lugar de buscarlo hecho.
Esta versión me está enseñando a ser paciente.
A ser humilde.
A ser resiliente.
Nunca había tenido tanto espacio para preguntarme qué quiero.
Para intentar.
Para fallar.
Para volver a intentar.
Y, aun así, hay algo que no cambia:
quiero seguir escribiendo.
Eso es todo.
Al menos, cuando llegue el momento de mirar atrás,
voy a poder decirme que lo intenté.
Que dejé de vivir en el “algún día”.
Que hice real lo que sentía.
No sé cuántas versiones más vendrán.
No sé si esta será la más fuerte.
Pero sí sé algo:
es una de las más valientes.
Porque incluso en medio del caos,
del limbo,
de la incertidumbre…
es la que más apuesta por mí.
Tal vez esa es la libertad.
No tener nada más que perder,
y todo por construir.
Así que, de todas formas…
gracias a la vida por esta versión.
Más ligera.
Menos atormentada.
Más segura de su arte.
Y de los caminos que puede crear.