02 de noviembre, 2022

La Haya — 03:39 p.m. Bogotá — 09:40 a.m.

He intentado alejar la tristeza de mí.

He intentado alejar tanta energía pesada.

He intentado no pensar en todo aquello que daña y perturba.

He intentado arrancar este sentimiento del pecho y darle la bienvenida a la luz, a la seguridad y a la tranquilidad.

Qué vaina tan pesada.

Qué trabajo tan duro este de ayudar a la mente a aclararse.

Creo, incluso, que es más desgastante que ir al gimnasio todos los días durante más de tres horas seguidas.

Pero lo estoy intentando.

Estoy luchando con mis miedos.

Estoy luchando con mis dudas y aferrándome a mí, a mi amor, entendiendo que no hay nada malo conmigo.

Que he dado todo y más.

Y que, aunque no soy perfecta, me reconozco de esta manera, y eso ya es una ganancia.

No hay nada malo en mis luchas,

en mis miedos,

en mis inseguridades.

No hay nada malo en mi amor.

En lo que he aprendido a dar.

En lo que he mejorado por mí y por mis relaciones.

Escribir me libera.

Me aclara tantas dudas y tantos miedos.

Me ayuda a echar pa’ lante, como decimos en mi tierra.

Me ayuda a reconocer que me amo.

Que soy buena.

Que soy suficiente.

Y que con eso —que es todo lo que doy—

también me debo amor.

Me debo respeto.

Me debo ternura.

Para seguir.

Siempre seguir.

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