Bitácora de una transformación
Hay algo en la forma en que hablamos de la sanación que siempre me ha causado ruido.
Este concepto se ha vuelto muy popular, lo he visto en redes sociales, he escuchado a personas hablar del mismo, hay podcast, videos y mucha literatura al respecto.
Pero hay algo en el que siempre me ha causado ruido.
Claro que yo misma he vivido un proceso de sanación.
No es tan cercano como podría pensarlo, porque no ha sucedido de la noche a la mañana.
Mi proceso ha sido terapéutico, pero no ha estado limitado solamente a esto.
Ha sido un proceso físico,
espiritual,
de amor propio,
y de autoconocimiento.
Nada puede estar mas lejos de llamarlo un proceso lineal.
Y lo empecé cuando ni siquiera había vivido los momentos tan oscuros que el futuro trajo a mi vida.
Pensaba que estaba sanando mi pasado para poder vivir mejor mi presente.
Pero cuando la vida cambio,
Cuando la vida decidió volcarme,
Entonces entendí, que ahí iniciaba realmente mi transformación.
El cambio para el que me había estado preparando ese bendito proceso.
Estoy sanándome todos los días.
Por medio de pequeñas acciones,
de palabras,
de costumbres.
Y cuando me detengo a pensar en la versión de mí que decidió iniciar ese camino de autoconocimiento al que llamamos sanación.
Puedo decir con seguridad, que no quisiera volver a ella.
Claro, dejó en mí una esencia que siempre estará presente.
Pero yo soy un constante cambio.
Soy evolución.
Esa versión mía, era una oruga cumpliendo su metamorfosis en cada una de sus etapas.
Y la ultima crisis que tuve, me permitió extender las alas.
Me convertí en mariposa.
Y no se si esta será la última transformación.
Pero ¿qué sentido tiene sanar después de que la vida me rompiera? si quiero volver a ser quien era antes.
Esa es la pregunta que me surge cada vez que veo un video relacionado,
o incluso cuando oigo a alguien hablando de la idea.
¿Qué pasa si la sanación no fuera una recuperación?,
¿Y si fuera una transformación?
Hay tanta magia en el proceso de cambio.
Puede ser aterrador y, por momentos, doloroso.
Viene cargado de ruido,
de inseguridades,
de tormentas,
Pero mágico, finalmente.
La versión que ha salido de allí,
merece toda la aceptación y amor.
Ha tenido coraje,
valentía,
y confianza.
Por su puesto esto no es una verdad absoluta.
Cada uno toma la sanación de la manera que lo necesita.
Yo lo veo ahora así:
Bendito sea el momento en que empecé a sanar.
No porque me devolviera a quien era antes.
Sino porque me permitió conocer las versiones de mí que nacen después de cada crisis.
Porque si la vida me rompió para transformarme, ¿qué sentido tendría sanar para volver atrás?
Prefiero creer que la sanación no es una recuperación.
Es una metamorfosis.
