No todo lo que pienso soy yo.

Actualmente los pensamientos negativos se han apoderado de mis horas.

Estoy siendo mi enemiga numero uno.

Mia.

Propia.

Puedo decir con total certeza, que soy una experta en alentar a los demás.

Y en auto destruirme en cuestión de segundos.

Me doy “mucho palo” como dirían en mi tierra.

Desconfío de mi poder de transformación.

De mi creatividad.

Me pregunto constantemente si estoy tomando las decisiones correctas.

¿Qué pasa si todo el esfuerzo,

si todo el tiempo invertido,

si todo el deseo de establecerme aquí,

de empezar una nueva carrera,

no funcionan?

¿Qué pasa si soy un fraude?

¿Qué estoy haciendo con mis días?

Y discuto internamente:

  • “Karol Andrea, ¿cómo puede ser que otra vez estemos así, si tenemos todo para ser felices?”

¿Por qué?

¿Cómo puedo estar teniendo tanta indecisión con un alma tan decidida?

Hice una pausa a mitad de la noche.

Necesitaba el silencio de la madrugada para sentarme a escribir.

Cada una de estas palabras están aliviándome.

Nada más que eso,

consolándome,

regalándome un respiro.

Claro que reconozco mis propios fantasmas.

Hoy decido mirarlos de frente.

No siempre estoy positiva,

aunque sí trabajo constantemente para que sea mi estilo de vida.

Entrenar mi mente para ello, ha sido una tarea abrumante.

De cambio,

de desafío,

de caída,

y de voladas.

Hay semanas que vivo con la intensidad de trescientos días juntos.

Horas eternas,

un cansancio que se apodera incluso de mi respiración,

sonambulismo,

y a mitad del día siestas eternas.

Antes, cuando reconocía esos días,

peleaba conmigo misma,

me castigaba,

y reprochaba,

Me trataba demasiado fuerte.

¿Qué ilógica verdad?

Puedo ser tan tenaz con mis palabras.

En dos minutos.

Y al momento siguiente,

pedirme perdón,

por todo aquello que me he dicho,

por todo aquello que dejo de reconocerme,

por agobiarme y quitarle poder a mis decisiones.

A mis pasiones.

A veces, me entrego tanto a la incertidumbre del futuro,

que le robo la felicidad a la seguridad del presente,

Y a todo el mérito de lo logrado en el pasado.

  • “Karito, puedes con todo”

Es la reflexión que concluye los minutos de peleas internas.

Disiparlo es un trabajo que requiere fuerza.

Una vez más.

Escribir me está salvando,

No solo esta madrugada,

está llenando de melodías los silencios.

Está tomándome de la mano.

Sacándome de la oscuridad.

Las palabras me organizan.

Me regalan la oportunidad de reconocer esta faceta mía.

De moldearla,

de convertirla en inspiración.

¿Cuál es la ventaja?

  • “Mírate, Karito… otra vez escribiendo descubres que tus pensamientos no tienen siempre la razón.”

Seguramente, en el futuro, la madrugada volverá a traer incertidumbre.

Y cuando ocurra, volveré a escribir.

Porque las palabras siempre encuentran la manera de recordarme quién soy.

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