28 de febrero

Estuve leyendo lo que le escribí a mi abuelito unos días después de que muriera.
Por esos días encontraba más inspiración en la tristeza. Me aferré a esas sensaciones de nostalgia que dejaba su partida; el dolor no me dejaba ver todo lo bueno. Solo pensaba en que no habíamos estado el tiempo que yo consideraba suficiente, como si el amor estuviera medido, como si acabara o iniciara por horas, minutos o años.

No me arrepiento de haber escrito eso.
Al final, eso era lo que estaba sintiendo.

Hoy, mientras tanto, pienso en él desde otro lugar: desde la felicidad, desde la nostalgia y desde el amor que sentimos.

Mi abuelito murió el 28 de febrero de 2014.
Casi no recuerdo su voz. Creo que está muy en el fondo de mi corazón, en esos recuerdos que se guardan en la memoria. Lo siento en todos los pasos que doy, en todos los caminos, en los silencios y en los momentos de alegría. Lo recuerdo en sus sonrisas, en su complicidad.

Frenchu, amor mío,
¿hace mucho no hablamos o me equivoco?
¿Si hablamos cuando nos recordamos, cuando soñamos juntos?

¿Sigues con nosotros o preferiste quedarte en los recuerdos?
Tal vez mejor quédate allá. Descansa de los días en que estuviste tan cansado aquí. Disfruta de lo que conoces cuando vuelvas a recorrer espacios, entre paraísos, entre lugares preciosos.

Sigue recorriendo los lugares de los que no hablamos, los que no sabía si querías conocer, los que anhelabas alguna vez ver.
Yo, mientras tanto, te llevaré conmigo.

Vivirás en mi vida.
Vivirás en lo que conozco, en mis momentos de alegría y en mis momentos de tristeza, en mis logros y en mis penas. Vivirás hasta el día en que nos volvamos a encontrar.

Hoy no tenía en mente escribirle a mi abuelito, pero aquí estoy, pensándolo.
Trayéndolo conmigo en el poder de las letras.

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